Donald Trump, el anticristo
Por Jairo Osorio
“La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del Abismo pero camina hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá.” Apocalipsis de San Juan
La de arriba es, probablemente, la imagen que le dio
a Donald Trump la presidencia de los Estados Unidos: el patriarca blanco
amenazado por un supuesto enemigo interno, la manida trama del superhéroe,
adalid del bien que quiere ser destruido por las fuerzas del mal; la estética
de acción de Hollywood al servicio de una narrativa política en la que el líder
supremo, el puño en alto, es víctima de un “atentado terrorista” y un agente
del servicio secreto que interpreta el papel de Terminator –macho, agresivo,
imponente, rubio– lo rescata de ser asesinado en medio de un show que bien
podría ser catalogado como uno de los mejores montajes de la era de las
posverdades y la ‘inteligencia artificial’.
Pero no es eso de lo que quiero hablar, sino de algo que pasó mucho más desapercibido. Hace poco más de una semana, en medio del espectáculo cinematográfico que significó la entronización de Donald J. Trump –la cosa naranja– como 47º presidente del imperio yanki, un hecho llamó la atención del mundo: al final de su homilía en la catedral nacional de Washington, durante el servicio que tradicionalmente tiene lugar antes de la toma del juramento, la obispa –sí, obispa– anglicana Marianne Edgar Budde tuvo la valentía, la gallardía y el coraje de decir en voz alta lo que muchas pensábamos pero nadie se atrevía a decir. Antes de terminar su sermón, la obispa –que es madre y abuela– le pidió al empresario y político que tuviera misericordia (to have mercy) de la gente en el país que tenía miedo de su discurso de odio, de sus anuncios amenazantes y sus decisiones ejecutivas.
La obispa Budde rogó especialmente por los migrantes: “la gente que construye nuestras casas y que limpia nuestros hospitales y hace los turnos de madrugada”; por las mujeres y por los gays, las lesbianas y las personas trans. Una obispa cristiana abogando por los desvalidos, los desamparados y los marginados del mundo debería parecernos un acto apenas normal si pensamos en la esencia del mensaje evangélico que predicó un supuesto Jesús hace dos mil años, según lo recogieron sus amigos en crónicas que fueron escritas años después de su muerte. Pero lo cierto es que buena parte del fascismo evangélico y la godarria religiosa, hipócrita y doblemoralista del mundo se escandalizó con las palabras de esta mujer sencilla y valiente, que se enfrentó sin miedo al poder para denunciarlo y nos mostró –como en el cuento de El traje nuevo del emperador– que el rey estaba desnudo.
Donald Trump, que es la encarnación del anticristo moderno –es decir, la antítesis de los auténticos valores cristianos de la fe, la esperanza, el amor y la humildad– y sus secuaces, tuvieron el descaro de burlarse en el momento en que la obispa tuvo la osadía de anunciar su desacuerdo como mujer y como religiosa, y de denunciar los peligros que representa el poder en las manos de un hombre narcisista, ególatra, misógino y racista como Mr. Peluca. Marianne E. Budde es una santa de nuestros días, porque hizo lo que Cristo habría hecho en su lugar: amar al prójimo, poner a los que sufren por encima, y ese es el núcleo del mensaje evangélico; por eso es una verdadera cristiana: poeta y profeta, serena y valerosa, defensora de la verdad; una mujer que supo interpretar lo que significa el temor de su dios y alzó la voz para defender sus creencias y mostrar su desacuerdo, señalar lo que estaba mal y parecía que nadie más se iba atrever a señalar en esa ceremonia sosa y ridícula que fue el espectáculo de la asunción del magnate neoyorquino.
La ultraderecha norteamericana reaccionó
agriamente en contra de la “así llamada Obispa”, como escribió Donald Trump en
su cuenta de la red social Truth, cuestionando la posición y la dignidad de la
jerarca eclesiástica, en un acto de machismo brutal. La respuesta no se hizo
esperar y Budde fue contundente al decir que no iba a disculparse por haber
pedido misericordia por los que sufren, que era lo mínimo que se podía esperar
de una lideresa espiritual y religiosa en el mundo de hoy: la rebeldía de Eva
contra la sumisión y la resignación de María. No olvidemos que buena parte del
electorado de Trump proviene de los movimientos evangélicos radicales, que
hacen una interpretación literal de la biblia, y que ven en la diversidad y la
inclusión una amenaza a los valores conservadores y a la moral añeja de los
blancos puritanos.
En fin, quiero señalar que el lunes 20 de enero, la obispa Marianne Budde me dio una explicación sobre por qué, en pleno siglo XXI, la iglesia católica no ordena a las mujeres en el ministerio del sacerdocio. Creo que les tienen miedo, un miedo atávico y primitivo, porque sólo una mujer habría podido exigirle a uno de los hombres más poderosos del mundo que se apiadara de la gente que sufre y con eso enviar un mensaje al mundo y enseñarnos la importancia de la fe y la resistencia que impulsaron a David contra Goliat; porque es la mujer la que prueba del fruto prohibido y se da cuenta de que el padre quiere mantenerlos ignorantes para que no se rebelen y decide perder al paraíso antes que someterse. Creo que las mujeres harían un gran trabajo como sacerdotisas, restaurando un rol milenario y originario de ser puente entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, lideresas y guías morales de una entereza extraordinaria, de un ministerio mucho más auténtico y profundamente cristiano que el de tanto pastorcito mentiroso.
Fe de erratas: En la versión original de este artículo se hizo alusión a El flautista de Hammelin, en vez de a El traje nuevo del Emperador, que también viene al caso porque a través de la flauta se canta a voces el secreto que se quiere esconder, tal como hizo la obispa Budde.
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3 Comentarios
Y todavía crees que los santos sudan y les da pecueca ???? Soy católico crecí en el y lo practico
ResponderEliminarPero de algo si estoy seguro de que es una religión de hombres para hombres las pocas mujeres de esa historia es mujeres que solo cargan dolor
María tuvo el dolor del parto y el de ver a un hijo morir crucificado
Magdalena lleva el yugo de ser la prostituta de la historia
Eva la causante del pecado original y así sucesivamente las mujeres de la iglesia católica solo cargan culpas y por obligación ser sumisas
Ah pero los hombres disfrutan del mangar de la predicación y en lo político practicar el judas ismo comer callados por unas monedas es por eso que esa obizpa no comió callada y no perdió la oportunidad de expresar su sentir y el sentir de Miles de personas
Es un muy buen artículo. Felicitaciones.
ResponderEliminarNo lo es
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