Por: John Jairo Osorio
@johnjairo_21

Pobres criaturas, la última película del director griego Yorgos Lanthimos (Atenas, 1973), cuenta la historia de Bella Baxter (Emma Stone), una joven embarazada que, tras un intento desesperado de suicidio, es rescatada del río Támesis por Godwin Baxter, un excéntrico y acaudalado profesor de medicina de Londres, que decide reanimarla reemplazando su cerebro por el cerebro extraído del feto que la mujer moribunda llevaba todavía vivo en su vientre, convirtiéndose en una especie de padre adoptivo y mentor; una suerte de dios sobreprotector, que es precisamente el diminutivo irónico con que lo llaman sus conocidos: God. 

Bella se convierte en el invento perfecto del macho pedófilo, del padre castrador: una mujer joven y hermosa con el cerebro de un bebé. Una niña en el cuerpo de una señorita. La infantilización real que opera la ciencia -en este caso, la medicina- sobre esta mujer, remite a la fantasía de la docilidad y la sumisión que todo hombre espera de sus congéneres del sexo femenino. 


Casi al final de la película, nos enteramos de la razón por la cual Bella, aún preñada, había decidido lanzarse del London bridge a las aguas del Támesis: su marido, un joven y apuesto militar, había intentado castrarla mutilandole el clítoris, en un afán de curar lo que veía como su irresistible ninfomanía. 


La prohibición del placer femenino, su control, ha sido una de las obsesiones del patriarcado. El padre no puede concebir ningún placer que se le escape, ninguna satisfacción por fuera de su poder y su control. Siempre se busca uno para esta mujer huérfana: un adoptante, un esposo, un tutor; la autoridad de un hombre que ponga límites a su locura, a su irrefrenable deseo y su lujuria, que despierta los peores terrores en los machos. 


Lanthimos vuelve a arriesgarse con una película que plantea un lenguaje surrealista, conducida por la fantasía de principio a fin, y con altas dosis de sarcasmo. El humor negro y los sueños absurdos son el martillo que usa el director para demoler los sueños puritanos de la burguesía ilustrada. 


La represión de la sexualidad da paso a la histeria y la mujer loca se ve arrojada a la huida con el primer depredador que le propone mostrarle el mundo, sacarla de su torre de marfil. Bella huye a Portugal y luego a Atenas con el abogado a cargo de redactar su contrato de matrimonio. Solo para descubrir la violencia en la que desemboca la vida conyugal cuando termina la etapa del enamoramiento. O del enculamiento, para ser más precisos; pues este seductor profesional sería el iniciador de la inocente criatura en el vértigo de las artes amatorias, el primer hombre que, en vez de temerle al deseo insaciable  de esa especie de bestia angelical, busca complacerla pero termina por ponerle límites a su deseo para aprovecharse de él.


Hasta que un día Bella, esa mujercita inocente y fatal, decide convertirse en puta en un prostíbulo de Paris, donde después de ser usada por comerciantes, curas y banqueros con su consentimiento, conocerá otra prostituta negra que predica el socialismo y terminará regresando a la casa paterna para contraer matrimonio arreglado con su prometido


Es entonces cuando reaparece su primer esposo, el militar -pues el abogado, despechado por la traición, había buscado por cielo y tierra su verdadero dueño- y viene a reclamarla revelando la verdadera identidad de la mujer. Así retorna la represión, hasta que un día Bella le pide al doctor xxxxxx, su exprometido, que opere en él una de las extrañas cirugías que aprendió del doctor God, de quién había sido pupilo, y éste lo convierte en una especie de chivo con humano. 


Así, convertido ya en una pobre criatura, Bella recobra su libertad y recupera su libre albedrío. Escapa de la necesidad masculina de convertir a las mujeres en su propiedad privada, de someter los cuerpos femeninos a la vigilancia y el castigo, a la mentoría de alguien que no sea, como todas las damas, un retrasado mental. 


Una película fascinantemente extraña, que rompe con el pacto de la realidad para denunciar la pasmosa normalización de la violencia contra las mujeres en la sociedad patriarcal. El diseño de vestuario y la escenografía son impresionantes, la música hipnótica y las pobres criaturas, seres fantásticos producto del ingenio y la maldad. Vale mucho la pena mirarla.