Femenino
Por Martín Bolívar
Foto: Las majas de Goya.
Nadie espera morirse a las siete de la mañana, cuando ya se ha superado el misterio de la noche y cuando sol saliente propone, por muy duras que sean las condiciones en las que se vive, un nuevo día, es decir, una nueva oportunidad. Por eso aquella mujer de treinta y ocho años, no esperaba que ese día se esfumara su existencia para caer en el escándalo mediático de dos o tres días y luego ser olvidada como le ocurre a todas las mujeres asesinadas en nuestro país, que en 2023 alcanzaron la cifra de cuatrocientos casos, que digo casos, cuatrocientas muertes, cuatrocientas oportunidades de vivir un nuevo día arrancadas por la mano del hombre. A Diana la asesinó su expareja en plena vía pública de la Unión, cuando apenas asomaba el sol y el silencio de la noche poco a poco era reemplazado por la algarabía de la cotidianidad matutina, pero claro, este caso ustedes ya lo saben, ustedes que aman el morbo audiovisual y reprodujeron una y mil veces, la huida de la mujer desesperada que no encontró una puerta abierta para sobre guardarse ni la mediación verbal o física de algún vecino o transeúnte, porque en esta época en la que vivimos, por evitarnos el título de chismosos, caímos en la era del me importa un culo lo que lo suceda al otro, con tal de que no me manche de sangre el antejardín. Mátala allí más adelantico que con estos soles me multan si lavo más tarde el andén, y ante todo prefiero cuidar el agua y el medio ambiente, y mejor ser cómplice de un feminicidio a que me tilden en las redes sociales por malgastador del líquido vital ¿Agua o sangre? Y el video reprodúzcase por todos los medios, el del acto final, el de la sangre derramada, el de la estocada del torero en plaza taurina, que supuestamente tanto nos lastima y nos aterroriza en el animal, pero que día tras día en el hombre y en la mujer y en el hermano lo normalizamos hasta el tuétano; y a mi hermana le tocó pararse en la raya con sus compañeras de oficina para que no le mostraran esa crueldad que rodó por whatsapp como cadena de saludo de buenos días del piolín de la tía católica.
Qué vamos a hacer, mire que ya van tantas muertas en lo que corre del año, me dice mi hermana, y yo le digo que sí, que podemos hablar en la radio de tal tema o de aquel, que podemos invitar a alguien experto en psiquiatría que nos explique, cuál es la vaina, cuál es la joda del hombre, qué le pasa y que nos creemos nosotros los del abultamiento entre las piernas, para ir por ahí degollando, celando, ahogando, burlando y sometiendo a la mujer. Entonces hacemos una pausa larga de varias semanas y perdemos el impulso porque sí. Tal vez nos da miedo enterarnos de algo que ya sabemos y es que, el hombre odia a la mujer, y la odia porque cualquier ser que quiere identificarse como tal y quiera desarrollarse alejada de lo establecido en un mundo de machos, pone a tambalear ese pedestal construido a base de inseguridades, violencia social, insensibilidad y mentiras, en el que se posa vanidosamente el macho convencional, ese que todos podemos identificar, pues es fácil encontrar ese amigo que es incapaz de coquetear con una mujer de su propia edad, su misma posición laboral y su misma libertad, porque le aterra y por eso le toca, buscarse mujeres jóvenes casi colegialas que no descubran la mentira que es su existencia que se apaciguada con chistes acerca de la vagina o de como practican el sexo oral las mujeres.
Pero una cosa es tener miedo y otra muy distinta es tener rabia. El otro día escuchando estos chistecitos de machos de los que les hablo, un fulano describía en medio de risas, que él sí tendría sexo con una travesti, pero que, tenía que ser bien mujer. Y cómo así que bien mujer, dijeron por allá, a lo que el macho alfa contestó, pues que tenga buena teta y buen culo. Yo se lo meto concluyó. Y si la hembra se le voltea y lo pone a usted en cuatro, preguntaron. Pues le doy tres puñaladas para que me respete. Entonces comprendí de lo que se trataba, que no era la violencia premeditada, tampoco una posesión infernal, era la prueba directa de lo que activa la rabia: sentirse asombrado ante las nuevas propuestas de lo femenino ¿Y qué es lo femenino? Es la herramienta con la que la mujer se puede mirar a ella misma, entenderse con sabiduría y derribar el concepto clásico de feminidad, construido eternamente por los hombres y que expone que la mujer tienen unas condiciones de empaque, inherentes a ella como biológicamente lo dice la norma y que va desde la forma de caminar, sus gestos, su vestimenta, su lenguaje, sus sentimientos y sus actitudes. Entonces cuando una mujer entiende y propone nuevos mecanismos de ser y estar en este planeta, el hombre acobardado que se cree el rey de la selva, también educado en unos conceptos erróneos de masculinidad, muestra sus dientes y ataca. Y por qué traer un ejemplo de una mujer trans y no una mujer real real como dirían los conservadores, pues por lo mismo, porque la intolerancia es contra todo aquello que se identifique en el campo de lo femenino: al niño que juega con barbies que no juegue así porque eso no es de machos, que al gay que se pinta las uñas hay que golpearlo para que sea gay pero macho, que a la mujer que manda en la obra hay que hacerle su chistecito para bajarle los humos, y a la que viaja encerrarla, y a la que es libre condenarla, y a la que tiene sexo que es una puta. Y puta o santa, fiel o infiel, linda o fea, joven o vieja, la mujer seguirá siendo carne de cañón mientras siga latente el concepto de hombre feroz que se cree dueño de todo.
Fuentes:
Identidad femenina, Marcela Lagarde.
Radio Nacional de Colombia

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