¿Por qué no muere la música de diciembre?
Por Martín Bolívar Flórez
Hace poco días leí una cita que decía “En otros entierros las lágrimas son de mentira y las flores son natural. En los entierros de mi pobre gente pobre, las lágrimas son de verdad y las flores son de papel”. El escritor Tomás Gonzales trae a colación estas palabras de Cheo Feliciano para describir el entierro de una mujer del pacifico que había muerto muy pobre después de trabajar para unos riquillos de Chapinero. Una negra con acento cachaco narra Tomás. Acababa de leer esto, cuando sonó en la radio una canción decembrina, esa que dice, Ay con mañitica con mañitica, mi negra María Castilla, no me mueva mucho la paila. Entonces no aguanté tanta presión y me solté a llorar. Debí verme muy ridículo: libro en mano, panadería de barrio y ambiente decembrino: el bohemio pobre. Lloré por la historia del libro, que cuenta el maltrato laboral al que se somete a la gente, a mi pobre gente pobre, por eso Lisandro Mesa canta que el hijo de tuta es gerente de la Factory donde laboro yo, él trata muy mal a la gente con esos salarios que nos implantó. Lloré también por la ilusión de los colombianos, esa que se ve reflejada por ejemplo, en nuestra música. Tener una lista de canciones que suene en el último mes del año es muy diciente de los que somos, sobretodo porque las letras de esas canciones exponen nuestra sociedad: Una canción que habla del hijo ausente, otra que habla de la protesta y del grito vagabundo, otra de la mujer indigna y del peleador, del corbata gastador, de la navidad sin la madre. Al final la enseñanza es la misma, a bailar y a vivir contento con lo que hay, con la esperanza de una pronta mejora de la situación, por eso si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada.
Se encuentra mi madre lavando losa y de pronto suena en la radio la canción
de El Jardinero, se va despacito hasta el equipo de sonido y le sube todo el
volumen, se devuelve bailando y se pone a llorar, le da por recordar a su tía
Acenet. “Veo patentica a la tía bailando esa canción, siempre tan linda con sus
faldas y su elegancia, bailando en el bar El progreso. Yo iba hasta allá porque
mi mamá me mandaba a pedirle plata a su abuelo Arnulfo para que no se la
gastara toda en trago. Mi tía me veía y me decía, Miryam vaya para la casa y
tome estos pesitos para que compre carne y no tenga que pedirle a ese otro” me
cuenta mi mamá. Es tan curioso que ella recuerde a su tía con esta canción de
Leonel Ospina, Ay yo soy, yo soy el jardinero, tengo amores con Fabiola, con Teresa y
con Raquel… Una canción que habla de tener muchos amores y es que, la
tía Acenet también tuvo muchos, varios maridos ajenos que nunca le dieron el
lugar que se merecía. De un hombre muy prestante de La Tebaida fue la concubina durante doce años, dándole
inclusive dos hijos reconocidos a la fuerza, por el rigor de las demandas
familiares que roban siempre la dignidad a la mujer, - ¿No será que usted
quiere golear a tan egregio hombre? Pregunta el inspector de familia. Cuando el
egregio se fue a morir negó toda clase de fortuna para no dejar ni un peso a
los hijos de la tía y sobre guardar a los hijos del matrimonio real, de la
esposa real, a la que mi mamá llama entre risas la caresapo. Baila Miryam al
son de También le traigo con gusto a María Elena un gran manojo de fragantes
azucenas, y yo la veo bailar y llorar. Seguramente cuando ella muera yo
bailaré y lloraré la misma canción, recordándola a ella y a la tía Acenet, y a
las mujeres de las tierras montañosas, ahora señoras tiernas y maravillosas,
que antes fueron concubinas, porque quindiano de clase media que se respete
tiene a la abuela o a la bisabuela putonga.
Pero no todo es tristeza y melancolía, también se burla la música decembrina
de las desgracias: ajenas y propias. Ya no me voy pa’ los yores ni en avión ni en
avioneta, canta Hernán Darío, y pienso en los negados de visa
americana, nosotros los de cara color cartón que no merecemos conocer las
tierras del tío Sam. Luego el corito, Un tal Iván, un tal Iván con cara de
musulmán, que fueron llegando y tan, con otros de Afganistán…Y las gemelas me
estripó. Y con esta canción se podría ganar el premio a la mejor
explicación de una guerra sin sentido entre orientales y occidentales, que se
sigue prologando, y las mujeres en cinta que hoy sobreviven en Palestina, lo
hacen pensar a uno, si de verdad el mesías está por volver de visita. Luego
sigo bailando las canciones que rayan en la homofobia y la transfobia, según la
cultura de la cancelación, Yo soy princesa a mi modo, me llaman Lady
Vanessa, me gustan los hombres guapos y que tengan buena presa, y en
medio de vuelta y vuelta en la pista de baile, agradezco que exista esta
canción, porque se va de frente con los tibios que dizque lo aceptan a uno como
homosexual, Mentira: lo aceptan a uno, pero no quieren saber cómo es que uno
cacorrea. Me gusta la canción porque habla de los viejitos cucarrones y de los
vecinos coquetos y de los machos torcidos con sus palancotas, de esta manera se
normaliza el sexo entre hombres, así sea una burla. Pienso yo que es mejor ir
cambiando el pensamiento a través de la risa, en lugar de ir silenciando las
vainas y termine uno por ahí macheteada como la abuela de un amigo, que se
volvió lesbiana y un matarife la vació sobre una mesa porque se besó en público
con su mujer.
El baile sigue, aunque se le muera a uno la mamá, como dice la canción del
Arruinado y a mí se me arma el taco en la garganta: a bueno sueño pa dormir contigo,
estoy solito no está mi mama… Y esto seguramente si es la verdadera
ruina, no tener a la mama viva y seguir bailando porque toca. Un saludo a mi
amigo S y a mi casi familiar N, que ya perdieron a su mama y me tocó verlos
bailar en diciembre con las lágrimas florecidas.
Al resto les digo, Al Bajad Mamad.

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