Por Martín Bolívar Flórez 

Desde hace varios días el presidente de la república ha venido alertando a los colombianos sobre un plan maquiavélico que busca derrocarlo del poder. Según él, la oposición viene buscando cualquier motivo para correrle la banca y volver a repetir la experiencia traumática que sufrió en la Alcaldía de Bogotá. Dice que el complot viene dándose desde hace mucho y como muestra de eso, señala casos particulares como la salida de Roy Barreras del senado, la inhabilidad del senador  Alex Flórez dictada por Procuraduría, y ahora el show mediático de su amiguito de campaña Armando Benedetti. Día tras día, el alto mandatario tiene que lidiar con un nuevo escándalo que, por mínimo que sea, es presentando por los medios de comunicación tradicionales como la hecatombe en la nación. Por otro lado, sus esfuerzos por generar cambios estructurales en el país a través de la reforma pensional, de salud y de trabajo, avanzan a pasos de tortuga, pues el congreso se ha dedicado a prolongar eternamente su trabajo.

Yo sigo confiando en el gobierno Petro, y no me parece exagerado cuando pronostica un golpe blando. Ahora bien, la crisis mediática que vive el país en la actualidad, no se debe solo a la intervención oportunista de la oposición, se debe también a las grandes papayas que ha servido este gobierno. Y es que, uno puede ser muy petrista y progresista y toda la vaina, pero no reconocer las metidas de patas, es caer en el fanatismo, cosa que yo creía que detestábamos los colombianos, por ese otro personaje que nos sumergió en esas aguas desde el 2002. No vengan con el cuento de que Roy no sabía que estaba cometiendo doble militancia, es más, el viejo zorro es tan ágil que en sus pocos meses en el senado ya estaba proponiendo a Vargas Lleras para la alcaldía de Bogotá. Tampoco vengan con el cuento de que, Alex Flórez es la mansa paloma, cuando borracho en Cartagena intentó ingresar de forma ilegal a una prostituta a un hotel y agredió verbalmente a la fuerza pública. Es que si hubiese sido un senador del Centro Democrático no hubiese pasado nada – reclaman sus seguidores, como si  se pudiera defender lo indefendible utilizando comparaciones con el gobierno anterior. Pues de malas dice Francia, y uno queda con esos aires de desesperanza tan horribles.

Mañana se llevarán a cabo varias marchas a nivel nacional promovidas por el Gobierno Nacional y las centrales obreras. Con estas se pretende evidenciar el respaldo del pueblo a las reformas presentadas ante el congreso. Por pura coincidencia, las marchas también servirán para apoyar a Petro después del escándalo con Benedetti y Sarabia. El presidente ha dicho en su cuenta de Twitter “…invito a quienes votaron por el cambio y a quienes desean justicia en Colombia...”,  para alentar al pueblo a volcarse a las calles. Justamente esta invitación es la que me va a mantener tranquilo en la casa sin ningún remordimiento. Primero porque esto ya no se trata de una campaña política: él es el presidente de todos los colombianos. Inclusive de los más de 10 millones de personas que no votaron por él ni por el cambio, y que sí votaron por los congresistas que ahora son oposición. Recurrir a este tipo de eventos para querer presionar por las reformas, me parece a mí y hablo desde la imprecisión, que es un acto populista y antidemocrático. La última vez que un gobierno invitó a marchar en Colombia, fue en el 2008 en contra de las Farc y esto le sirvió al presidente de ese entonces para armar el mierder0 que ya sabemos que se armó. Segundo, por los mismos deseos de justicia que tengo, me parece apresurado salir a brindarle apoyo al gobierno cuando se enfrenta a un escándalo brutal. Sí, Mancuso también está hablando y los medios ni se inmutan, pero esto no puede ser la excusa para hacerse los de los oídos sordos con lo que dijo uno de los  acompañantes principales de la campaña del presidente sobre los dineros recibidos.

Amanecerá y veremos. Ojalá todo se resuelva y que no exista ni golpe blando y golpe duro, porque los militares también se encuentran inconformes y a esos sí les tengo miedo.