A propósito del Orgullo
No se vivir. No sé quién
soy. Yo creí que sabía, yo creí que estaba seguro, que podía decir con todo
gusto que soy gay. Pero no, todavía me avergüenzo, todavía me cuesta. Soy gay,
me repito tres veces y se me enfría la panza. Soy gay. Esto lo digo después de
28 años de ininterrumpido combate conmigo mismo. No lo decidí. Solo lo acepté
como acepté mi estatura y mi calvicie. De mis hermanos no quiero la altura, ni
muchos menos el cabello sin gracia de mis amigos. Pero en ocasiones los
envidio, no a ellos sino a su heterosexualidad: se ven tan felices. Escribir
esto es irme en contra de mis principios y de la lucha que muchos han dado,
pero prefiero la sinceridad: Soy gay, porque me tocó. Si hubiese podido elegir
no lo sería. Tampoco me siento mal o arrepentido. Uno es lo que es y ya, luchar
contra eso es nadar contra la corriente. Si hay algo de lo que me sienta
orgulloso es de haberme aceptado, a pesar de que esto también me desgarra la
carne cuando siento la mirada oblicua de los que piensan que soy anormal.
Si
la gente entendiera y tuviera conciencia de la fuerza de atracción y de deseo
que nos posee a todos, seguramente ser homosexual no sería castigado en 11
países con la pena de muerte. Pero no, el mundo siempre ha sido tan hipócrita que
cree que uno es gay por pura rebeldía y que el beso que uno de se da con la
persona que le gusta, nace de las ganas de fastidiar en la reunión familiar.
Algunos creen que uno puede cambiar, por eso en la adolescencia lo llevan a uno
a hablar con sacerdotes o lo mandan de viaje para recapacitar, para que se
convierta y deje el vicio y el pecado. Esto afortunadamente no sirve para tal
fin, y al contario de todo pronóstico religioso, para lo único que sirve es
para reafirmarse con lo que uno es. Claro que para llegar a este punto del
camino, primero hay que autoanalizarse con mucho dolor. Las personas
heterosexuales no sufren esto, solo saben que se sienten atraídos por las personas
del sexo contrario. No tienen que dar explicación ni cuestionarse sus gustos,
no se reciben burlas por esto, no se considera esto un mal producido por el
capitalismo, ni se tiene que ir a terapia. Solo se entregan a las pasiones como
yo también lo he hecho, así se me vaya el mundo encima.
En este
andares de la vida, también me he llevado a mucha gente por delante. No todo
puede ser auto victimización. En estos andares de la vida también he puesto a
sufrir a mucha gente. El golpe lo di en seco, un día me levanté de la cama y
conseguí novio, subí fotos sugestivas a mis redes y hablé de lo sabroso de la
cacorradas en mis escritos. Tal vez fue un error, tal vez me faltó calma. Pero
es que me cansé del diálogo. A mi madre le daba señales, le hablaba por las
buenas, le explicaba de mi deseo, pero no entendía. Llegó el día de explotar y
le canté la tabla. Comprendió desde su amor, que ese era yo, que nada podía
hacer ella ni yo ni nadie, que no podía dejar mi deseo. Todo mejoró. A veces me
piden que vuelva a lo mismo, que explique, que hable y que cuente por qué Martín
ahora tiene novio, y yo no sé qué hacer. Siento el juicio y el pasado
reviviendo, como si no hubiese avanzado un solo paso en mi camino de obtener
tranquilidad.
Es
lo que hay, todo tiende a mejorar. Sobre todo si existe la presencia
transversal del amor en lo que uno hace: confío en eso.
Gracias
a los que marchan y a los que luchan. Ánimo para los que viven su sexualidad en
la clandestinidad. No se sientan mal, todos tenemos un proceso diferente. Eso
sí, cero homofobia. Perdón si este texto raya en la homofobia y en la heteronormativo,
estoy aprendiendo y mis escritos siempre son imprecisos.
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