Ahí viene 'la nadies', comadre
-Mira, Paloma, mi blanca palomita de maíz: ahí viene la negra esa con ínfulas de monarca.
-¡Pero cómo se tongonea con descaro por los pasillos del Capitolio, con su cara de simio, su pelo quieto y sus tetas descomunales!
-Y con esa chaquetica toda ordinaria, con lentejuelas en el cuello y sus candongas de Tongolele…
-Es que no viene de familias como las nuestras. Su lugar está en la cocina o barequeando oro en un río del Cauca, y no en el Honorable Congreso de la República.
-Es que debería estar trabajando en el ingenio, en la hacienda que heredaron mis bisabuelos, donde siempre hemos tenido domésticas negras.
-Más le valdría hacerle honor al apellido, “Mina”, y estar mineando por allá en algún aluvión y tocando el guasá con sus compinches.
-Nuestro lugar natural, en cambio, es este. Esta es una aparecida, sin apellidos ni títulos de nobleza.
-No tiene entre sus antepasados ningún expresidente o embajador, y mucho menos un terrateniente con esclavos y credenciales de la Corona.
-Es que mírala: pobrecita, debería estar de empleada en una casa de familia. En este salón elíptico nadie le hace caso ni la respeta.
-Pero cómo quieres que respeten a una sirvienta, ¡qué mal rollo! Ni siquiera se sabe vestir, nunca va a tener el gusto y la clase de nosotras...
-¡Eso sí, jamás! Nunca va a hablar inglés sin acento, ni a diferenciar las perlas legítimas de las falsas.
-No tiene el abolengo y la autoridad para relacionarse con el servicio, ¿quién la va a tomar en serio, si ni siquiera habla bien el castellano?
-No ves que ella es la “nadies”, la jefa de la primera línea, de los todes… ¡Imagínate, qué vergüenza esta muchacha representándonos ante el mundo!
-¡Uy, qué desfachatez! Mírala cómo pone cara de asustada, ni siquiera sabe qué viene a hacer en este recinto de la democracia.
-Es que ella no fue a un colegio bilingüe, ni ha viajado por el mundo como nosotras. No duerme entre sábanas de quinientos hilos ni se cobija con edredones de plumas de ganso.
-Esa mujer no distingue entre una botella de buen vino francés y el viche ese que toman los negros por allá en el Pacífico.
-No sabe lo que es generar empleo, hacer empresa; nunca en su vida ha pagado impuestos. Es una negra resentida que ahora se nos metió al vecindario.
-¿Cómo es eso de que se fue a vivir a Dagua, al lado de las Armendáriz y de las Urquijo?
-¡Allá llega cada ocho días en helicóptero, con toda la parafernalia! ¡Es que no hay derecho!
-Hasta dónde llega el descaro de esta gente, ¡por Dios! No se puede ser más rastrera y vulgar.
-¡Una verdulera que llegó a la vicepresidencia! Es que a esta negra se le apareció la Virgen, mi blanca Paloma.
-Mira esas manillas horribles y esas uñas larguísimas y de mal gusto...
-Sólo falta que le dé por comprarse una finca en Mesa de Yeguas y empezar a criar caballos de paso, como a mi marido...
-Es que esta mujer no nació para la política como nosotras. Tú en cambio sí eres una mujer Cabal, haciéndole honor a tu apellido.
-Definitivamente a este país sí se lo llevó el carajo cuando eligieron una ‘afro’ para la vicepresidencia. ¡Es que los negros nacieron para trabajar!
-Imagínate la deshonra para las Fuerzas militares, tener que recibir órdenes de esta subversiva…
-Una tipa tan vulgar, con esas maneras tan rústicas, debió haberse quedado de empleada doméstica y no ocupando un cargo de la más alta dignidad del Estado.
-Pero qué dignidad va a tener una mulata de su calaña! Esa sí fue la perdición de este país, Ferchita. ¡Que Dios nos coja confesadas!
Por John Osorio Giraldo

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