A mis colegas los ingenieros.
Es muy irresponsable
dedicarle hoy estas palabras a ustedes: mis colegas. Entendiendo que no ejerzo
con plena vocación esta carrera y que desde hace días decidí alejarme de ese
mundo problemático del cual ustedes se encargan. Pero así como ustedes me
conocieron en las aulas: parlanchín, prepotente y mamerto, vengo a expresarles
la gran preocupación con la que me acuesto todas las noches pensando en
ustedes. Bien sé, que las aulas se han convertido en la actualidad un fortín
donde se juntan la jerarquía, el mando y codicia; varios profesores expresaban
en su cátedra lo importante que somos para la sociedad y las montañas de dinero
que podemos ganar si nos asociamos correctamente. También entendí que los
pregrados en ingeniería buscan en pro de estructurar nuestro cerebro para que
nada falle, para que nadie se caiga, para todo sea rígido, eliminar cualquier
pizca de imaginación y suprimir esa sensibilidad que es tan necesaria para el
avance del ser humano pero tan dañina para la productividad exigida por el
mundo globalizado. Le dicen a uno en las clases, “si esto le parece tan duro y
siente ganas de llorar frente a los problemas, mejor váyase de peluquero o
manicurista”, entonces yo les exijo contrapunteando esa consigna, ingenieros e
ingenieras, es hora de volver a concebir nuestra carrera desde las humanidades.
El puente se cae sobre el
río Cauca, HidroItuango en vilo, los sistemas de captación de aguas obsoletos y
las plantas de tratamiento de aguas residuales inexistentes, las ciudades
colapsadas por la mala planificación del tránsito, los adoquines de las plazas
levantados, los colegios llenos de goteras, y ustedes tan campantes y
tranquilos construyendo cajones sin vigas ni columnas para que le gente se
amonte a vivir, sin saber que llegará el temblor a Armenia y volverá a dejar la
ciudad sepultada: no sean tan mediocres en su ejercicio. Estén a la altura de
las palabras que concede el título. Primero, sean ingeniosos, piensen más allá,
no se vuelvan solo administradores de cemento y de varillas, recuerden las
clases de investigación, las posibilidades de crear nuevas cosas e inventar,
sean inventores. Segundo, trabajen para la sociedad, cumplan con sus pagos a
los obreros y maestros, nadie trabaja para que lo vean, no se crean superiores,
no se bajen del carro con su cadenita de hora sin saludar a su equipo de
trabajo, no se burlen del trabajador, reconozcan el esfuerzo que hacen. Luchen
por un mundo mejor, no se vendan por 10 pesos, no cambien los materiales, no
bajen la calidad de los productos a usar, no den las espaladas a los demás
profesionales, sobre todo a los que se encargan del bienestar y de la salud de
la obra, acompañen a los humanistas que socializan los proyectos a los
poblaciones a intervenir, no se llenen de egocentrismo, escuchen, expongan, no
se queden callados, pregunten: no hay que saberlas todas.
Hagan un examen de
conciencia e identifiquen todo lo que se ha hecho mal. Es bastante. Que nuestra
carrera no se convierta la excusa para vulnerar los derechos de los habitantes
de Colombia.

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