LA SUMA DE LOS ORÍGENES
Después de posponer
en varias ocasiones la laboriosa tarea de escribir algo bajo la vigilancia de
una temática, he decidido empezar sin tener nada claro y con una organización
de las ideas bastante confusa. Me han dicho que la palabra clave es Origen, así
que me arriesgué a no tener un punto de llegada, porque es así como principian
la mayoría de las cosas. No creo que el Big
Bang se haya dado con la intención de que, miles y miles de años después,
un tipo en medio del calor infernal de La Tebaida, escribiera un montón de
incoherencias. Debo confesar también, que este articulo u opinión, no me
resulta nada parecido a lo que hubiese querido, que consistía en explicar desde
el punto de vista etimológico la palabra Origen, y desde allí ahondar en temas
más profundos como el desarrollo del Teatro en América Latina y sus apegos a
las culturas indígenas; o cosas por el estilo, algo bien elevado en temas
filosóficos e intelectuales. Pero una cosa es querer y otra es poder, y yo en
definitiva no puedo escribir acerca de asuntos de los cuales tristemente no
conozco ni quiero conocer. Lo mío en cambio, es escribir al estilo “barroco”
como me dijo un amigo, que según él, es adornar los textos con palabras rimbombantes
con el fin de ganarse la atención del lector. Para evitar más enredos, y con el
fin de darle estructura o por lo menos sinceridad a este escrito, voy a contar
a continuación, lo primero que me llegó a la cabeza cuando me invitaron a
escribir acerca del Origen.
Un niño de ocho años
fue llevado a Cenexpo. El lugar más grande para las ferias y exposiciones que
ha tenido el departamento del Quindío, acogía en esa ocasión a los artesanos de
toda Colombia. De la mano de su hermano,
el niño recorrió los estantes de los pasillos, y se asombró al ver tantos
cachivaches de colores, piedras
preciosas, objetos hechos con las manos en vivo y en directo, y un mundo
diferente jamás antes visto. Cuando ya no podía más de la emoción, el niño se
dejó guiar por la música que provenía del coliseo, soltó la mano de su
acudiente y corrió hacia el lugar como alguien que espera ver la revelación de
su vida. Así fue. Se topó con un escenario en forma de caja que sobresalía por
encima de los espectadores. Era una obra de teatro, que por información dada
por una amiga suya casi veinte años más tarde, supo que se trataba de una
presentación de títeres del importante grupo medellinense Matacandelas. Como el
Coronel Aureliano Buendía cuando conoció el hielo, el niño habría de recordar
muchos años después, aquel día sin igual.
El chorro de luz que
apuntaba directamente a los muñecos vivientes, las telas de textura lisa que
daban un cuerpo estilizado a los
actores, el sonido enérgico emitido por los vozarrones de los personajes, son
algunos de los detalles que el niño no olvidó nunca. Fue para él, el origen de
su pasión, el inicio inconsciente de una vida tocada por las artes. Una
coincidencia de una tarde, que se convirtió en una de las experiencias más
recordadas de su niñez, y que daría la respuesta indiscutible cuando en sus
años de adulto, le preguntaran por qué querer pertenecer al mundo teatral:
Porque sí. El génesis de las cosas más importantes es así, sin aviso ni
esperas, sin el tiempo necesario para llegar a arrepentirse. Ese niño, soy yo.
Recordando el momento
preciso de un origen cursi, me atrevo a asegurar que vamos por la vida
tropezando con nuevos orígenes infinitas veces. Tal vez, no representaron en
ese instante una ocasión fantástica, pero tiempo después, hemos de comprender
que los detalles ínfimos que se miran, se escuchan, se oyen y se sienten, se
van comprimiendo con fuerza en nuestro pensamiento, hasta que el día menos
pensado estallan para dar forma a lo que somos en el presente y lo que seremos
en el futuro. Puede que después de leer estos cuatro párrafos, nazcan en
Armenia grupos de investigación acerca del Teatro en América Latina y alguien
se interese por asistir a una obra de títeres en Casaparte, o por el contario,
sea el origen de una vida en donde se aborrecen a los teatreros como yo, que
les da por escribir sin el mínimo de conocimiento de la lengua castellana.
Publicar un comentario
0 Comentarios