Foto: Madre de Nicolás Guerrero. Fuente: El tiempo. 

Si María madre de Jesús hubiese impedido la muerte de su hijo, el mundo sería distinto. Pero así estaba escrito, el hombre que muere por la redención de otros hombres. Entonces de la madre no sirvieron las caminatas ni los gritos ni las lágrimas de sangre para evitar la crucifixión. La peor enseñanza que nos ha dejado el cristianismo sigue siendo la bandera de buena parte de los países occidentales: Morir por las causas sociales. Buscamos mártires en cada protesta y vivimos deseosos de caer peleando por nuestros ideales. El problema es que nosotros los mortales, no resucitamos al tercer día ni tenemos asilo político en el cielo, y la pesadumbre que sintió María desde el viernes hasta el lunes, la sentirán nuestras madres por el resto de sus vidas, por los siglos de los siglos.

En Colombia se idolatra a la madre, es una de las figuras más representativas de nuestra sociedad. Lastimosamente los poderosos del país toman esto como excusa para crear unas líneas de pensamiento que justifican los crímenes más atroces. Leía un día, que el método que utilizaba Pablo Escobar para convertir a los niños en sicarios, era elevar a cada una de sus madres a una condición de recaudadoras; entre más le pudieran regalar serían mejores hijos, así pues terminaron las comunas llenas de neveras, televisores, cortinas y miles de cachivaches. La prueba final era simple, aquel que moría por defender al patrón sería recompensado con una casa para su madre, así podría irse tranquilo de este plano terrenal al limbo de María Auxiliadora de Sabaneta, dejando a su progenitora triste pero bajo un techo. Otros que tienen clarísimo este concepto son las fuerzas militares, entonces uno ve que las instituciones hacen homenajes a las madres y a las esposas. Si el joven soldado queda mutilado, invitan a la mamá a posar con la bandera de Colombia de fondo, le toman una foto y le entregan un presente por la valentía de su hijo, entonces el soldado se siente orgulloso, pero su madre no quiere presentes, quiere a su hijo sano, quiere a su hijo vivo. 

Hoy se celebra oficialmente el día de la madre en Colombia, pero no hay nada que celebrar, es más, desde hace muchos años no hay un motivo grande para estar contentos en esta nación, ya no tenemos “la risa como un jilguero ni la paz de los pinos del mes de enero”. Este mayo se está viendo empañado por la violencia, del campo a la ciudad se trasladó la muerte. Se cuestiona uno, si el almuerzo de madres que tendremos hoy, superará el sinsabor de saber que otras familias están llorando a un hijo. Por esta razón, es importante no olvidar a las madres de Soacha ni a las madres de Siloé, y muchos menos a las del viaducto de Pereira, para que las Marías dejen de llorar a sus Jesuses, para que se dejen de levantar pedestales que honren a la muerte y se cambien por altares a la vida, que no son más que el abrazo, el beso y la compañía.